CHALEPAPA
Hasta cuando se va a permitir la atrocidad de utilizar a niños en las guerra civiles que afronta países, como Irak, Africa, Colombia, en donde mueren niños que además de ser usados como señuelos, forman parte de la lucha armada, como sabemos se manifiesta en la Farc donde se les recluta y se los entrena para combatir
la última década, se estima en 1’5 millones el número de niños y niñas muertos en conflictos armados. Otros 4 millones han quedado discapacitados, tullidos, ciegos o han sufrido lesiones cerebrales. Al menos 5 millones se han convertido en refugiados y 12 millones más se han visto desarraigados de sus comunidades. Un número mucho más grande ha sufrido un deterioro de su salud, nutrición y educación como resultado de la destrucción de las cosechas, infraestructuras, centros de salud y escuelas a causa de los conflictos.
La Convención de los Derechos del Niño que reconoce los derechos civiles, económicos, politicos, sociales y culturales, en su artículo 38 establece que ningún niños que no haya cumplido los 15 años de edad deberá participar directamente en hostilidades o ser reclutado por las fuerzas armadas. Todos los niños afectados por conflictos armados tienen derecho a recibir protección y cuidados especiales.
En una editorial sobre este tópico del diario la Nación de Buenos Aires, se comenta, que en los conflictos que se libran en el mundo luchan cientos de miles de niños. Si bien el reclutamiento de menores de 18 años es un crimen de guerra, no pocos ejércitos y grupos armados los utilizan porque son buenos soldados, tienen vigor, obedecen sin rebelarse y resultan fácilmente reemplazables.
Entre las niñas, la situación es aún peor. Además de ser utilizadas para los mismos fines que los varones, suelen ser las primeras víctimas de los abusos sexuales cometidos por los soldados, capaces de producirles lesiones graves, embarazos forzosos y contagios de numerosas enfermedades, como el sida.
Los niños soldados no sólo son entrenados para matar, sino también para torturar. Se ejerce sobre ellos presión física y verbal para que tengan confianza en sí mismos y fuerza de carácter. Una de las tácticas más frecuentes para convertir a un niño en un guerrero es exponerlo al horror y a la violencia desde sus primeros años. De ese modo, se logra que le resulte familiar el contacto con las armas, los fusilamientos y la disciplina militar. En ocasiones, también se los hace adictos a las drogas y el alcohol para asegurar su dependencia y garantizar, así, su adhesión a la causa.
La sordera, la ceguera y la pérdida de las piernas -porque los usan para hallar explosivos- son las heridas más comunes de estos chicos combatientes. Los castigos suelen ser brutales cuando desobedecen: en algunos países, como Afganistán, incluyen la amputación de dedos.
Recientemente, el ejército norteamericano acusó a Al-Qaeda de entrenar a menores en Irak para operaciones terroristas después de descubrir videos de propaganda de la organización. En las imágenes, niños de 10 a 15 años, vestidos con ropa deportiva y enmascarados, corren con armas, interceptan a un hombre en la calle apuntándole con pistolas en la cabeza, sacan a otro de un auto y se lo llevan esposado, toman en grupo un edificio y posan con chalecos explosivos.
Una vez concluidos los conflictos, como sucedió en Sierra Leona, en 2002, los niños soldados pasan a ser parias. Muchos de ellos habían luchado en las filas del Consejo Revolucionario de las Fuerzas Armadas (AFRC), el Frente Revolucionario Unido (FRU) y la Fuerza de Defensa Civil (CDF). Finalmente, el Tribunal Penal Internacional para Sierra Leona, bajo la supervisión de las Naciones Unidas, emitió severas condenas a sus superiores por alistamiento y explotación de menores durante la guerra, en la que murieron unas 50.000 personas.
El derecho internacional humanitario prohíbe el reclutamiento de niños, dispone que las familias dispersas sean reunidas y ayuda a reconstruir la vida de los niños cuya infancia ha sido truncada por la guerra.
Atrapados en el infierno de los conflictos armados, miles de niños se ven obligados a ser testigos de las atrocidades cometidas contra sus padres, o son ellos mismos tomados prisioneros, separados de sus familias, reclutados como soldados o muertos.
En un esfuerzo por poner término a la tragedia de los niños en la guerra, el CICR y
En el caso de Colombia, se sabe de un caso de una recluta, que comenta que cinco meses de embarazo tenía cuando fui obligada por mi comandante ‘El Negro Acacio’ a abortar... me llevaron hasta un ‘hospital’ que manejan las Farc, allí habían cinco muchachas mas, que también las obligaron a abortar... yo no dejaba de llorar, porque uno de mujer lo que mas quiere es tener un hijo... quien me hizo eso era un animal...”.
Cuenta que durante los tres años que perteneció a la cuadrilla conoció cómo fueron los negocios de narcotráfico dirigidos por alias El Negro Acacio: “era coca por fusiles... eso es un negocio, el mando sentado en una silla y nosotros arriesgándonos...”.
En un día como el narrado por ‘Martha’, cinco niños no nacidos fueron asesinados brutalmente en este hospital clandestino y sus cuerpos arrojados en la selva de Vichada, donde las Farc improvisan lugares poco higiénicos y con las más precarias medidas de salubridad y seguridad para realizar este tipo de prácticas.
Haciendo una aproximación basada en estas cifras, alrededor de 150 niños no nacidos son aniquilados por esta organización mensualmente en cada uno de estos ‘hospitales clandestinos’, sin contar con las cifras de abortos inducidos de forma aún más irresponsable a través de prácticas domésticas basadas en la toma excesiva de purgantes y tóxicos.
Los gobiernos, la comunidad debe manifestar seria protestas de esta grave situación que se afronta, especialmente en una niñez que tiene todo el derecho de disfrutar su vida dentro de una calidad de vida que le permita educarse, integrarse productivamente dentro de una sociedad que requere salir de las sombras en donde cada día se ve desaparecer es luz que ilumine la senda del crecimiento personal y espiritual al que estamos comprometidos.

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