
Bush
CHALEPAPA
No se puede negar ,que la administración del presidente Bush ha sido muy cuestionada, especialmente en lo que concierne a su intervención en Irak, en los países árabes y aun en Latinoamérica , ha donde ha encontrado adversarios que no simpatizan con sus acciones, como Chávez, Ortega, Morales , Correa, Castro.' entre otros.
Con un mensaje tan acotado, Bush lejos estuvo esta vez de superarse en el contenido de sus propuestas. En su último discurso del Estado de la Unión, condicionado por un calendario impiadoso, tampoco podía mostrar una faceta oculta ni reinventarse a sí mismo después de casi ocho años de gobierno. En 2001, empleó 4362 palabras; en 2008, 5760. Más palabras no alcanzaron entonces para mitigar las bajas expectativas depositadas en el último tramo de su gestión.
Lo cierto, que el presidente George W. Busch, como lo relata el Diario La Nación de Buenos Aires en su última intervención frente a ambas cámaras legislativas, admitió , quizá con extrema delicadeza, que la economía de su país "está atravesando un período de incertidumbre", pero, a su vez, alentó a sus compatriotas a sentirse tranquilos y confiados. Difícil les habrá resultado creerle a los norteamericanos, entre los cuales su popularidad apenas alcanza un 32 por ciento.
Aquello que quiso ser una señal de optimismo en un período de incertidumbre, con bolsas en baja y precios en alza, que han retraído el consumo, no pudo disimular la sensación imperante de una recesión, calificada de ese modo por Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal. De ahí, la reacción inmediata de los medios norteamericanos, como The New York Times y The Washington Post , que no han vacilado en señalar que sus propuestas han sido "modestas" y "vacías", acaso una "pequeña distracción" de la campaña electoral.
Sobre sus espaldas, Bush carga con promesas incumplidas, errores no admitidos, dos guerras inconclusas (Irak y Afganistán), una economía en proceso recesivo y un mundo que, expuesto a severas amenazas, ve con escasa simpatía a los Estados Unidos. En el estímulo a la economía, con rebajas tributarias de entre 300 y 600 dólares para los contribuyentes, y recortes de impuestos para las empresas del orden de los 50.000 millones de dólares, cifró Bush la eventual solución frente a una realidad que describió él mismo con crudeza: "Los salarios han crecido, pero también los precios de la alimentación y la gasolina; las exportaciones han aumentado, pero el mercado inmobiliario ha bajado".
En esta ocasión, a diferencia de las anteriores desde que se declaró a sí mismo "el presidente de la guerra", Bush no mencionó el "eje del mal" ni el inminente final de las tiranías en Medio Oriente ni las reformas en la política migratoria y el sistema de pensiones. Pidió poco, en realidad, como si su agenda legislativa, otro de los componentes esenciales del discurso del Estado de la Unión, estuviera sujeta al final de su mandato, en enero próximo.
Definitivamente, las propuestas que hizo el presidente de EE.UU., George W. Bush, ante el Congreso en su último discurso sobre el Estado de la Unión, eran "modestas" para algunos y "vacías" para otros, y para terceros poco más que "pequeña distracción" de la campaña electoral, según la prensa estadounidense.
El editorial del diario The New York Times es el más crítico con el discurso de Bush. En dos columnas, el periódico recuerda la primera intervención del mandatario estadounidense hace seis años, cuando Bush se dirigió al Congreso con fuerza y afirmó que el Estado de la Unión era más fuerte que nunca.
Ahora, argumenta el diario, "después de seis años de promesas incumplidas" y "errores garrafales", EE.UU. tiene en su haber dos guerras (Irak y Afganistán) y una economía que camina hacia la recesión, frente a un mundo que todavía "afronta peligros horrendos" y ve "a nuestro país con mucha menos simpatía y respeto".
Por su parte, el diario The Washington Post afirma en su editorial titulado "El estado final", que Bush presentó anoche un "listado de deseos", medidas que le gustaría ver cumplidas, pero que afrontan una "batalla cuesta arriba" ante el poco tiempo que le queda en la Casa Blanca y un Congreso controlado por los demócratas.

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